SOMOS HIJOS DE UNA TIERRA QUE NACE DEL VOLCÁN

Nuestras playas de arena negra dotan a la costa de un aspecto único ante el visitante, los campos de vid confieren un espectáculo de color y por supuesto, de sabores tan característicos como inusuales.


La oleografía dispuesta en tonos negros, verdes y azules, conforman un paisaje capaz de engañar a los sentidos, confundiendo el mar con las nubes y la cultura de nuestros abuelos, conviven con el picón y la saorra capaz de enseñarnos los secretos de la tierra.

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